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7/2/11

a Camille:




Mi feroz amiga,

Mi pobre cabeza está muy enferma y ya no puedo levantarme por la mañana. Esta tarde he recorrido (horas) sin encontrarte en nuestros lugares. ¡qué dulce me resultaría la muerte! Y qué larga es mi agonía. Por qué no me has esperado en el taller. ¿Dónde vas? cuánto dolor me estaba destinado. Tengo momentos de amnesia en los que sufro menos, pero hoy el dolor permanece implacable. Camille, mi bienamada a pesar de todo, a pesar de la locura que siento acercarse y que será obra tuya, si esto continúa. ¿Por qué no me crees? Abandono mi salón, la escultura. Si pudiera irme a cualquier parte, a un país en el que olvidara, pero no existe. Hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente, siento tu terrible poder. Ten piedad malvada. Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario, la locura atroz. Se acabó, ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor.

Mi Camille, ten la seguridad de que no tengo ninguna amiga, y de que toda mi alma te pertenece.


30/3/10

a Rodin:




¿Dónde dejamos las palabras que una vez
Levantamos con barro y madera?
¿Quién puede quebrarlas ahora que el otoño
Revienta en los campos
Y se oxidan los ríos y los árboles con otro
Fuego más profundo?
Hay algo de ese fuego en los muros del manicomio.
Hay mucha tristeza en esa fuente que mana
El agua del olvido,
No la fuente que vi en tus ojos cuando me besaste
Y yo me ahogaba.
No creo que otro monólogo pueda decirlo,
No esa misma soledad embriagando
El delirio de estos colores.
Dejo el cielo junto a los jardines de Francia,
En aquellos ojos tristes que me ven
Cuando quiebro el horror que te hizo bello.
¡Oh Rodin! La muchacha en llamas se está despidiendo.
¿Cómo sabías que había gente dentro de esa gran piedra blanca?,
Me preguntó un niño que me vio llorar
Con su lindo gato en los brazos.
No sé lo que ocurrirá después,
No conozco otro infierno donde pueda esculpir tu rostro
Sin que tu ambigua mente de piedra me haga daño...