20/2/12

La casa y la ciudad




Me caso con él por las siguientes razones, que he examinado atentamente una por una. Porque quiero tener hijos. Porque ya tengo treinta y tres años. Para dar una alegría a mi padre. Porque podré seguir ocupándome de mi casa hasta que mis hermanos crezcan, ya que mi casa y la de los Mazzeta sólo se encuentran separadas por un patio. Porque a nadie se le ha ocurrido nunca casarse conmigo y a Mazzeta sí. Porque es una buena persona. Siempre que mi padre le ha pedido dinero prestado se lo ha dado y nunca se ha enfadado porque no se lo devolviera, sino que ha seguido viniendo de vez en cuando a nuestra casa después de cenar a jugar a la escoba y a charlar con mi padre, y eso que charlar con él no es nada fácil, porque hay que repetirle las cosas un montón de veces. Porque soy pobre. Cuando me case no seré rica, pero seré menos pobre. Porque aquí, en Luco, llevo una vida muy dura y pienso, no sé si me equivoco, que cuando esté casada será más liviana.
Nino Mazzeta se casa conmigo por las siguientes razones, que me ha enumerado una por una. Porque no le parezco fea. Porque soy de costumbres sencillas. Porque no le intimido, aunque yo sea licenciada en filología y él sólo haya estudiado hasta quinto de Básica. Su mujer muerta le intimidaba, aunque ella sólo hubiera estudiado hasta tercero de Básica. Era de carácter pendenciero y no fueron nada felices. Porque toco la flauta. Porque cocino mal y a él le gusta comer bien, pero piensa que con un libro de cocina aprenderé enseguida. Porque me conoce desde que era pequeña. Porque conoce bien a mi familia.
También yo le conozco desde que era pequeña, pero a mí eso no me agrada demasiado. Me parece que tengo el futuro pegado a las suelas de los zapatos.


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